miércoles, 11 de mayo de 2016

UNIDAD V: EL PENSAMIENTO FILOSÓFICO EN EL RENACIMIENTO Y HUMANISTICO.

5.1.- EL RENACIMIENTO PEDAGÓGICO.
Con los revolucionarios aportes de los científicos europeos de los siglos XV y XVI se inicia el pensamiento moderno. Aquí, mejor que en el terreno propiamente histórico, la cronología tradicional resulta útil y facilita la comprensión del proceso evolutivo del pensamiento filosófico. En el panorama de este "pensamiento moderno" cabe distinguir siete grandes etapas.
A. LAS ETAPAS DE LA FILOSOFÍA MODERNA
1. Período de transición, con dos subperíodos:
a. La filosofía del Renacimiento (siglos XV- XVI); b. La fundamentación de las ciencias naturales modernas (siglos XVI-XV II);
2. El período de los grandes sistemas fundamentales (siglo XVII);
3 El del "Iluminismo" (siglos XVII-XVIII);
4. El del criticismo kantiano (Kant: 1724-1804);
5. El del auge de la filosofía alemana: nacionalismo, idealismo y pesimismo (desde fines del siglo XVIII hasta mediados del XIX);
6. El de la formulación de las nuevas corrientes anglosajonas: utilitarismo, evolucionismo y pragmatismo; la influencia del positivismo comtiano y la reacción psico-vitalista de Bergson, en Francia, y la nueva orientación del pensamiento alemán: neo-kantismo, neo-metafísica inductiva, vitalismo, fenomenologismo y neo-ontologismo (desde mediados del siglo XIX hasta comienzos del XX);
7. El de la filosofía propiamente contemporánea, que examinamos a través del existencialismo.

B. CARACTERIZACIÓN DE LA FILOSOFÍA RENACENTISTA
Qué fue el Renacimiento? Este gran movimiento de ideas -en que surgen pensadores, científicos y artistas creadores de mentalidad privilegiada y visión integral de la existencia- puede ser avizorado desde diversos puntos de vista: el simplemente humanístico, que se refiere a la literatura y a las artes; el político, que alude a la historia europea y esencialmente a la desaparición del sistema y del ideario feudal, y el filosófico.44
Para Wilhelm Dilthey es, esencialmente, "la liberación del espíritu de los pueblos modernos por el humanismo y la Reforma". Y presenta, como  aspectos esenciales los siguientes: una "renovación" o "revaloración" del pensamiento antiguo; la iniciación de una "nueva ciencia" del mundo, y el comienzo de una "filosofía de la sociedad".
El primer aspecto estaría representado por los humanistas neoplatónicos, como Marsilio Ficino, y por los impugnadores de Aristóteles, como el español Luis Vives; el segundo, por Nicolás de Cusa, Teofrasto Paracelso y, posteriormente, Giordano Bruno; el tercero, por Nicolás Maquiavelo, Tomás Moro y Juan Bodin.
Afirma Wudnt que en el origen del pensamiento filosófico y científico del Renacimiento se encuentran tres aportes fundamentales: la idea de lo infinito o ilimitado, enunciada por Nicolás de Cusa (1401-1464); el concepto de la relatividad de los fenómenos, debido a Copérnico (1473-1543) y la idea del microcosmos, el alma como arquetipo del universo, concebida por Paracelso (1493-1561).
A esta trilogía sin embargo, habría que agregar los nombres de otros varios humanistas, pensadores y científicos europeos, que aportaron una serie de conceptos básicos para la fundamentación del concepto moderno de filosofía, insurgieron contra fórmulas puramente verbales, o se aproximaron a la naturaleza para estudiarla directa e inclusive experimentalmente.
Así, como iniciadores renacentistas de la filosofía moderna tendríamos que mencionar también al inglés Tomás Moro (1480-1535), al italiano Nicolás Maquiavelo t1469-1527), al francés Michel de Montaigne (1533-1592) y al genial italiano Giordano Bruno (1548-1600) para no citar sino a los más ilustres e influyentes. Por haber sido un continuador de Copérnico y por la exaltada plenitud de su pensamiento, las principales ideas de Giordano Bruno se esbozan en el punto A del próximo capítulo.
Atendiendo a la orientación de su pensamiento y a su especial actitud frente a su época, los pensadores más representativos del Renacimiento se pueden clasificar en dos grupos: el de los científicos y el de los humanistas.

C. LOS CIENTÍFICOS
1. Nicolás de Cusa (1401-1464), nacido cerca de Treveris, llegó a ser cardenal romano. Fué una figura de transición entre la Edad Media y la Moderna, pero se anticipó científicamente a su tiempo, enseñando que la tierra gira sobre su propio eje y proponiendo la experimentación metódica en el terreno de las ciencias naturales. Señala las matemáticas como modelo de certidumbre; sostiene que el conocimiento es una medida espiritual, porque consiste en la "asemejación" del sujeto que conoce y de su objeto, y formula el concepto de la infinitud. Asume, por lo demás, una actitud de tolerancia religiosa inusitada en su tiempo: "No hay más que una religión". Lo que, a contrario sensu equivale a decir que todas las religiones son válidas.46
2. Luis Vives (1492-1540), español nacido en Valencia, fue ante todo un humanista. Pero la trascendencia de sus ideas científicas permite clasificarlo en este grupo. Ante todo, porque combatió a los escolásticos y a Aristóteles y porque en la más extensa de sus obras -De Disciplinis, 1531- aspiró á una nueva fundamentación de las ciencias mediante la experiencia. Su posición "moderna" se revela también en que no sólo desprecia la metafísica, sino que considera que lo importante no es saber qué cosa es el alma, sino cuál es su actividad: Lo que implica una posición psicológica absolutamente nueva.47
3. Teofrasto Paracelso (1493-1561), médico y químico nacido en el actual territorio suizo, sostuvo el concepto unitario de todas las manifestaciones vitales, es decir, la relación espiritual de todo el universo, como explica Vorlander: el hombre solo se conoce a través del mundo, y éste, solamente a través de los hombres. No hay causas exteriores, sino fuerzas interiores inmanentes. El hombre es un compendio del mundo ("microcosmos") y por lo tanto no debe oponérsele radicalmente al concepto total del universo ("macrocosmos"), puesto que de este forma parte.
D. LOS HUMANISTAS
A la corte florentina de Cosme de Médicis llega hacia 1438 el filósofo neo-platónico bizantino Georgios Gemistos Plethon, quien consiguió fundar una Academia platónica en Florencia. El renacimiento filosófico surge así bajo el signo del idealismo de Platón.
1. Marsilio Ficino (1433-1499) fué discípulo de Plethon, y director de la citada Academia. Tradujo al italiano las obras de Platón y de Plotino y ejerció notable influencia en sus continuadores, entre los que se cuenta el enciclopédico Pico de la Mirándola (1463-1494). El primero, admirador de Savonarola, terminó siendo enemigo del gran reformador florentino. El segundo, después de haber expuesto tesis de singular audacia -tanto en el orden teológico como en el filosófico- terminó retractándose y adentrándose por los caminos de la mística.
2. Erasmo de Rotterdam (1467-1536) figura entre los precursores de la Reforma protestante. Todas sus obras son índices de su posición racionalista y, en ocasiones, un tanto escéptica y epicureísta. Si, como filósofo, Erasmo no es una figura significativa; su muy especial psicología explica la influencia intelectual que ejerció en su época. La más leída de sus obras -el Elogio de la locura- es una crítica sutil de la Iglesia Romana y, al propio una especie de "ética" del término medio: - verdadera sabiduría consiste, en cuanto somos humanos, en no querer ser más prudentes de lo que pide la propia naturaleza".48
3. Miguel de Montaigne (1533-1592) célebre humanista francés, perteneció a una generación muy posterior a la de Erasmo, con el que coincide en una posición escéptica, que acentúa y sistematiza en sus admirables Ensayos. Para Montaigne, conforme a lo que escribe lúcidamente Vortander, no existe conocimiento al que pueda ser admitido universalmente por los sentidos ni por el entendimiento: -"Nosotros mismos somos los que valoramos las cosas y hemos creado los conceptos del bien y del mal"-. Montaigne se desentiende de la realidad política y religiosa de su tiempo y se somete al orden existente, porque ante todo le preocupa su propio bienestar y porque sonríe ante el delirio dogmático de los hombres.49
A las doctrinas de Tomás Moro, Maquiavelo y Bodin, nos referimos en la Parte II de esta obra en cuanto sus aportes se relacionan, mejor que con la historia de la filosofía, con la de la filosofía de la historia.
5.2.- HUMANISMO PEDAGOGICO
El proceso de enseñanza y aprendizaje como una relación humana, en esta lectura nos propone a reflexionar alrededor de un gran interrogante que siempre está latente en nuestro quehacer profesional.
Puntualmente nos preguntamos nosotros como docentes y profesoras ¿los docentes subestimamos nuestro rol antropológico? La respuesta no es ni fácil ni única, entre otras cosas, por la singularidad de nuestra tarea; las particularidades e idiosincrasias de las distintas instituciones en donde nos desempeñamos, las nuevas tendencias pedagógicas y también, por nuestras propias circunstancias y limitaciones.
A priori, la única certeza que tenemos es que en estas temáticas no existen las respuestas terminantes y todos los planteos que nos podamos hacer redundarán en cuestionamientos que indefectiblemente optimizarán nuestras prácticas. Partimos de la premisa que considera, en principio, que nuestros alumnos son singulares y producto de nuestra sociedad y en este contexto, al aprendizaje como un proceso complejo y multifacético, impregnado de diversos aspectos de los cuales el que está referido a su dimensión axiológica no es menor.
En todo caso, es igual de importante como los referidos a lo epistemológico y lo procedimental.
Aclarada la cuestión, considera la lectura pertinente abordar, aunque sea someramente, algunos conceptos antropológicos que nos permitan ilustrar lo que sostenemos.
En este sentido, la categoría de sujeto como persona es el estadio más elevado al que se puede acceder luego de soslayar con éxito la individualidad. Consideramos que el hombre pasa de individuo a persona cuando se reconoce como algo complejo y no sólo como un ente de constitución biológica, ya que el hombre es el único ser que reconoce su propia existencia, por lo tanto puede crear y recrear valores que orienten sus acciones hacia ella.
En definitiva, el término persona es mucho más abarcador, incluyente y representativo de lo humano que el de individuo, porque implica, entre otras cosas, la idea de un yo que es la conciencia de sí mismo y de los demás.
Está prácticamente fuera de discusión considerar a la persona como un “ser” que es producto de una construcción ínter vincular, en donde nosotros nos vamos conociendo y relacionando con los “otros”. Esos “otros” son los que cuando nacemos nos encauzan y sumergen en un mundo simbólico con determinadas pautas culturales que fueron construyendo desde siempre, para que a partir de ellas, entendamos, interpretemos y hasta modifiquemos la realidad que nos toca vivir y que en definitiva nos termina identificando, es decir: “El individuo sólo puede ser entendido como parte de la sociedad a la cual pertenece y que esa sociedad sólo puede ser comprendida sobre la base de las interrelaciones de los individuos que la constituyen”
Para los que nos desempeñamos en el ámbito educativo, este tópico no nos puede ser indiferente ¿ por qué lo sostenemos? porque la actividad pedagógica es y debe seguir siendo una actividad netamente humana dirigida a la concientización y obtención de justicia, porque los docentes somos y tenemos que seguir siendo intelectuales críticos de nuestra sociedad, porque sólo nuestra dimensión humana impedirá que nos enajenemos y con esa actitud seamos, aunque de manera involuntaria, funcionales a los intereses políticos, económicos y sociales minoritarios e impopulares.
Asimismo y más contemporáneamente, desde la filosofía humanista, se sostiene que el hombre necesita hacer y construir su existencia en compañía de sus pares. Más precisamente, desde la antropología cultural se procura identificar la “esencia” que nos distingue y que nos caracteriza como seres complejos, multidimensionales, espirituales, racionales, impulsivos, misteriosos e impredecibles.
Las características humanas podrían ser muchas más, pero sería inabarcable y hasta improcedente tratar de contemplarlas a todas, es más, la selección no fue azarosa, por el contrario, pretende explicitar el mayor pluralismo filosófico.
Por lo precedente, que aún sigamos poniendo en duda la importancia del aspecto humano en la relación educativa es por lo menos inapropiado. Que el profesionalismo docente no se desarrolle en desmedro de nuestra humana profesionalidad. Y como sostiene el single de Jorge Drexel “Cada uno da lo que recibe, Luego recibe lo que da, Nada es más simple, No hay otra norma, Nada se pierde, Todo se transforma, Todo se transforma...” En definitiva, como en tantas otras cosas sólo se trata de ser más humor la digna causa social y con el ánimo de contribuir con el propósito mundial de Humanizar la Tierra se conforma: (FHUERO) Fundación Humanista Erasmo de Rotterdam como Organización No Gubernamental y sin ánimo de lucro integrada por un equipo interdisciplinario, que modestamente y con la mejor voluntad coopera en la solución de la problemática educativa y cultural de la sociedad Colombiana.
Ante las consideraciones de orden legal, a través de la Fundación Humanista Erasmo de Rotterdam, se respaldan y promueven proyectos de gestión social, entre los que se encuentra el Colegio Humanista Erasmo de Rotterdam.
A través de dicha institución se brinda un servicio social de trascendencia orientado a que el siempre aprendiente ser humano logre mediante la creatividad, la exploración, la participación y la investigación; un alto desarrollo personal encaminado al mejoramiento de sus relaciones humanas y a la adquisición de los saberes necesarios para que con conocimiento de causa y responsabilidad de consecuencia, intensión la anhelada transformación social.
Se dice en la lectura de que el Ser Humano es la supremacía sobre toda existencia universal y por tanto, creemos firmemente en la revolución Humanista, una revolución No-violenta pero activa, que implica la integración de todos nuestros esfuerzos en función de una lucha constante, dirigida en contra del SISTEMA que esclaviza y promueve la desigualdad entre las gentes y en cuya escala de valores se encuentra: (el dinero – el sexo y el prestigio) entendidas como el conjunto de expectativas que distorsionan el sentido de la vida humana.
La imagen nítida de un mundo más humano se presenta en nuestro interior con una fuerza de irradiante magnitud que se constituye en nuestro mayor estimulo para emprender acciones de influencia con profundo entusiasmo aun cuando somos conscientes de que Estamos inmersos en el sistema, pero combatimos contra él, en lo que pensamos, en lo que sentimos y en lo que hacemos, porque entendemos que lo único que no se puede hacer, es hacer parte del mismo mal que se combate.
Francisco Rebelais Búsqueda de una espiritualidad más humana, interior, (devotio modernaErasmismo), más libre y directa y menos externa y material.
En sus comienzos, el humanismo es un movimiento regenerador y en sus principios básicos se encuentra ya bosquejado en tiempos muy anteriores, por ejemplo, en las obras de 
Sócrates, que se impuso una labor de regeneración parecida en la Grecia del siglo IV a. C.
En tiempos modernos se encuentra estrechamente ligado al Renacimiento y se benefició de la diáspora de los maestros bizantinos de griego que difundieron la enseñanza de esta lengua, muy rara hasta entonces, tras la caída de Constantinopla en poder de los turcos en 1453; la imprenta y el abaratamiento de los libros subsiguiente facilitó esta difusión fuera del ámbito eclesiástico; por entonces el término humanista servía exclusivamente para designar a un profesor de lenguas clásicas. Se revitalizó durante el siglo XIX dando nombre de un movimiento que no sólo fue pedagógico, literario, estético, filosófico y religioso, sino que se convirtió en un modo de pensar y de vivir vertebrado en torno a una idea principal: en el centro del Universo está el hombre, imagen de Dios, criatura privilegiada, digna sobre todas las cosas de la Tierra (antropocentrismo).
Posteriormente, en especial en España durante la segunda mitad del siglo XVI, el antropocentrismo se adulteró en forma de un Cristo centrismo que proponía la ascética y la mística como formas de vida que condujeron al desengaño barroco, que desvirtuó durante el siglo XVII este movimiento en un principio renovador impidiendo abrir nuevos horizontes.
MICHEL DE MONTAIGN Montaigne muestra su aversión por la violencia y por los conflictos fratricidas entre católicos y protestantes (pero también entre güelfos y gibelinos) cuyo conflicto medieval se agudizó durante su época. Para Montaigne es preciso evitar la reducción de la complejidad en la oposición binaria y en la obligación de escoger bando, privilegiar el retraimiento escéptico como respuesta alfatismoan. En 1942, Stefan Zweig dijo de él: “A pesar de su lucidez infalible, a pesar de la piedad que le embargaba hasta el fondo de su alma, debió asistir a esta despreciable caída del humanismo en la bestialidad, a alguno de esos accesos esporádicos de locura que constituyen a veces lo humano. (...) Esa es la verdadera tragedia de la vida de Montaigne".
Mientras que algunos humanistas creían haber encontrado el Jardín del Edén, Montaigne lamentaba la conquista del Nuevo Mundo en razón de los sufrimientos que aportaba a los que por ella debían infaliblemente reducirse a la 
esclavitud. «Viles victorias». Se encontraba más horrorizado por la tortura que sus semejantes infligían a unos seres vivos que por el canibalismo de esos mismos amerindios a los que se llamaba salvajes.
Tan moderno como muchos de los hombres de su tiempo (Erasmo,Juan Luis VivesTomás MoroGuillaume Budé...), Montaigne profesaba el relativismo cultural, reconociendo que las leyes, las morales y las religiones de diferentes culturas, aunque a menudo diversas y alejadas en sus principios, tenían todas algún fundamento. "No cambiar caprichosamente una ley recibida" constituye uno de los capítulos más incisivos de los Essais. Por encima de todo, Montaigne es un gran seguidor y defensor del Humanismo. Si cree en Dios, rehúsa toda especulación sobre su naturaleza y, ya que el yo se manifiesta en sus contradicciones y variaciones, piensa que debe ser despojado de creencias y prejuicios que lo extravíen.
Sus escritos se caracterizan por un 
pesimismo y un escepticismo raros en la época renacentista. Citando el caso de Martin Guerre, piensa que la humanidad no puede esperar certidumbres y rechaza las proposiciones absolutas y generales. Su escepticismo se expone sobre todo dentro del largo ensayo Apología de Raymond Sebond (Raimundo Abunde), capítulo 12, libro segundo, frecuentemente extraído y publicado aparte de los Ensayos. En su opinión no podemos creer nuestros razonamientos porque los pensamientos nos aparecen sin acto volitivo; no los controlamos, no tenemos razón en sentirnos superiores a los animales. Nuestros ojos no perciben más que a través de nuestros conocimientos.

5.3.- LA PEDAGOGIA DE LA REFORMA
La reforma en sus relaciones con la educación
el movimiento de reforma no se produjo de súbito. Tuvo grandes precursores en los siglos IV y XV, pero también el humanismo había labrado y fortalecido la libertad individual con su visión histórica de la antigüedad y su espíritu crítico.
Los reformadores, empero, no osaron saltar las barreras de los dogmas incompatibles con la razón. Tanto como la iglesia católica, admiten la idea de la revelación, es decir, la manifestación sobrenatural de la verdad divina y su tradición a través de los siglos.
La divergencia entre católicos y protestantes está, en que para los católicos la revelación es la verdad eterna entregada a una institución, la iglesia, cuyo origen y autoridad, encarnados en el papa, son divinos e infalibles. En cambio, para los protestantes, los dogmas revelados llevan en si el derecho de libertad de examen; el creyente puede y debe interpretar los evangelios conforme a su propia conciencia, sin el concurso de la autoridad eclesiástica.
Al hacer el hombre la reforma, responsable de su propia fe y al colocar en la sagrada escritura la fuente de toda creencia, la reforma contraía la obligación de dar a cada uno los medios de salvarse por la lectura y la comprensión de la biblia a la necesidad de explicar y comentar el catecismo, fue para los maestros una obligación de aprender a exponer las ideas y descomponerlas en sus elementos.
 El estudio de la lengua materna y del canto se unió a la lectura de la biblia (traducida al alemán por Lutero) y al servicio religioso.
La reforma, pues, pone la instrucción al servicio de la creencia revelada; el saber, al amparo de la fe. Esta actitud se llama teísmo pedagógico, pues ve en las relaciones con Dios y su revelación (la biblia), el propósito final del proceso educativo. sin embargo, el pensamiento de aplicar la propia razón a toda la verdad divina contenida en los evangelios, trajo como resultado exigir a todos la lectura de la biblia y el ejercicio de la razón personal, y esto presento a las instituciones docentes el problema de una educación general, para todos, sin distinción de edad, clase social, raza o sexo.

Lutero y la idea de la educación elemental obligatoria en Martin Lutero (1483-1546) el gran titular de la reforma religiosa, se inician y desenvuelven todas estas ideas. Pide una reforma de la enseñanza ya en 1520, incluyendo a las universidades. Decía que hacían falta escuelas en todas partes, que no solo los eclesiásticos necesitaban educación, porque es necesario que los hombres lleguen a ser capaces de ejercer su vocación, las mujeres de dirigir su casa y educar cristianamente a sus hijos.
También pidió al poder público que se encargue solícitamente de la educación. Es preciso educar a la juventud porque así se logra la felicidad de nuestro pueblo.
Piensa que es apremiante la formación de nuevas generaciones que el poder público, de preferencia municipal, debe estar legalmente autorizado para obligar a sus súbditos a que envíen a sus hijos a los planteles educativos, en la propia medida que cada súbdito tiene el deber de prestar servicio militar, para la defensa y prosperidad del estado.
Respecto al fin y procedimientos de instrucción, Lutero pone los valores religiosos en el centro de su sistema, pero en un estudio social y de libertad. Censura la educación monacal, anti mundana y rígida. Es peligroso para la juventud estar sola y apartada de la sociedad, por tanto, debemos permitir a los jóvenes ver y oir y saber lo que pasa por el mundo, aunque se les enseñe cierta disciplina y el respeto personal.
Lutero formula a grandes rasgos la organización de los estudios: pide una escuela de 3 grados (la clase de los niños que aprenden a leer, la de los que saben leer y la de los aventajados). Recomienda la enseñanza del cálculo y sobre todo de la historia. Con sus 2 catecismos, escritos en lengua materna, aseguro la preeminencia de la formación religiosa.


Resumiendo: Lutero hace responsables a los padres de la educación de sus hijos, pide al poder público la organización y obligatoriedad de la enseñanza (que debe tener como centro la formación religiosa de la juventud). Ensancha el cuadro de estudios y recomienda nuevos procedimientos. En fin, da gran importancia a la formación de nuevos maestros. Echo los cimientos de la escuela elemental popular.
5.4.- LA PEDAGOGIA DE LA CONTRAREFORMA
Simultáneamente a la propaganda de Lutero a favor de la instrucción popular, aparecen iniciativas similares en el ámbito católico.
M
ucho antes del concilio de Trento se fundaron numerosas órdenes religiosas, cuya finalidad era extender la instrucción a todas las clases sociales.
El concilio de Trento daba gran importancia, a la actividad educacional, aprobando numerosos decretos sobre ella. Recomendó a los sacerdotes ocuparse preferentemente de la juventud. Ordeno establecer escuelas en poblaciones donde no existían. Obligo a las parroquias a costear un maestro para los pobres.
Recomendó a las órdenes religiosas favorecer la enseñanza secundaria. Mando a los obispos, transformar sus escuelas catedrales en seminarios para la formación del clero.
Las ordenes enseñantes las disposiciones del concilio de Trento, promovieron en la iglesia un verdadero despertar del interés educacional.

Los jesuitas la difusión de la enseñanza superior sobre la base del humanismo y la religión por parte del protestantismo, produjo un efecto similar en países católicos. El más importante pionero de este movimiento fue san Ignacio de Loyola (1491-1596). Su lectura de la vida de cristo, e transformo en hombre dispuesto a luchar por la mayor gloria de dios, el lema de su vida.
En 1593 fundo la compañía de Jesús, orden religiosa que se propuso luchar con armas espirituales y ardor militar, contra los herejes y sostener a los cristianos vacilantes. Los estudios de sus componentes, los condujeron a la enseñanza y muy pronto abrieron colegios, dando una particular organización a la escuela media, donde recogieron notables frutos.
- estudios inferiores: 3 años de gramática o latinidad y 2 años de retorica o humanidades
-estudios superiores: 3 años (lógica, física, psicología, metafísica, matemáticas, según los conocimientos científicos de la epoca)
sus colegios máximos, dedicados primordialmente a los integrantes de la Compañía, tenían cátedras de teología, sagradas escrituras y moral.
En 1513 a los colegios máximos se les concede la autorización de extender títulos universitarios. Así nacieron muchas universidades en Hispanoamérica.

En todas las escuelas de los jesuitas se siguió un método de gran influencia en la educación. Sus líneas fundamentales son de san Ignacio de Loyola pero su forma definitiva, fue producto de la experiencia en distintos países. Después de estudiar diversos planes, se elaboro un proyecto, con el cual se experimento 8 años antes de darle su forma definitiva.
Se modernizo en 1832. El objetivo de dicho método era formar al hombre de mundo mediante una preparación humanística sólida que no descuida la doctrina católica.
Los colegios los jesuitas dedicaron principal atención a la enseñanza. Debido a su cultura científica, y formación religiosa, se les confió la dirección de los seminarios, surgidos en el concilio de Trento. Debido a su influencia social se agruparon alrededor de sus establecimientos educacionales, llamados colegios, las clases altas.
La sociedad estaba deseosa de encontrar, después de las guerras de religión, estabilidad y un bello ordenamiento.
Aunque en Europa no concedieron mayor importancia a la enseñanza elemental, no fue así en los países que les toco misionar (américa colonial, por ejemplo)
en cambio, la enseñanza media era indispensable para todos los alumnos. Se dividía en estudios inferiores y superiores.
·        Estudios inferiores: 5 años, 3 de gramática, 1 de humanidades (fundamentos de oratoria), 1 de retórica (alcanzar elocuencia en discurso).
·        Estudios inferiores: 3 años, con lógica, física, psicología, metafísica, matemáticas, conocimientos científicos de la época.
Así nacieron los colegios máximos, que tenían cátedras de teología, sagrada escritura, teología moral, etc., eran primordialmente para los aspirantes de la compañía pero recibían también a quienes no eran tales.
Los jesuitas combatieron el enciclopedismo pedagógico y la prematura especialización. Nunca hicieron de la capacitación intelectual, un fin en sí misma. La capacitación intelectual era considerada como un medio de formación moral, y procuraron subordinar la instrucción a la educación.
La educación moral de los alumnos, se daba con el contacto directo y continuo entre educador y educando. El maestro se esfuerza por comprender el carácter del alumno, para obrar mejor sobre su inteligencia. El maestro recurre a la vigilancia continua, la emulación, los consejos, las lecturas escogidas y la práctica de los preceptos religiosos.
Emplearon el internado, aislando al niño del medio social y su familia. Pero procuraron brindarle una vida sana y agradable. Usaron varios recursos didácticos.
-gradación (señalar que se estudia en cada curso)
-revisión periódica y sistemática de lecciones
-concertación (despertar debate o certamen entre alumnos para llamarles la atención sobre las lecciones).
-imitación (ejercicio de imitar el estilo literario de un autor)
-pre elección (explicación previa de la lección por el profesor, que resuelve dificultades históricas, gramaticales o literarias del texto en estudio)
se estudiaba de memoria la lección. Estudiar de memoria era una facultad que era muy importante, porque la memoria era considerada el fundamento de todo el aprendizaje de las lenguas.
Los jesuitas fueron los primeros en trabajar de manera particular, en la formación de los maestros de la enseñanza. En 1567 proyectaban la formación de un seminario pedagógico en cada provincia jesuítica.
El método de los jesuitas, prescribe que se confíen los futuros maestros a un hombre experimentado que les enseñara, la manera de dar lecciones, examinar los ejercicios y gobernar a los alumnos. Considera, que 3 cosas aseguran la autoridad del maestro; la estima de la cual goza por su saber y virtud, el afecto que le infunde a sus alumnos, y el respeto que sabe inculcarle a estos.

Respecto a los castigos. Debe evitarse la vigilancia inquieta que busca sorprender a los alumnos en falta. Pero se debe ver y observar todo. Los castigos deben ser escasos y proporcionados a la falta. No conviene castigar en momentos de excitación o cólera. Los castigos corporales eran reservados para los casos más graves. Los maestros no podían pegar, por eso los colegios contaban con un corrector o seglar. Otro elemento educativo muy empleado en esta pedagogía, con gran éxito, fue el teatro.

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